Sobresaliente rosarense dejo un legado imborrable en la cultura.
Gilberto Owen Estrada nació en El Rosario, Sinaloa, el 13 de mayo de 1904. Desde muy joven mostró inclinación por la lectura y la poesía, lo que lo llevó a incorporarse al mundo literario de la Ciudad de México durante los años veinte. En esa época se vinculó con el grupo “Los Contemporáneos”, al lado de figuras como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Carlos Pellicer y Jorge Cuesta, quienes renovaron la literatura mexicana con una mirada moderna, universal y profundamente estética.
Owen estudió Letras en la Escuela Nacional Preparatoria y más tarde se desempeñó como diplomático en diversos países de América del Sur: Ecuador, Colombia y Perú, donde continuó su labor literaria y periodística. Su estilo poético se caracteriza por un lenguaje depurado, melancólico y metafísico, en el que aborda temas como el amor, el tiempo, la muerte y la soledad.
Entre sus obras más destacadas se encuentran los poemarios: Desvelo (1925), su primer libro, de tono íntimo y juvenil, Perseo vencido (1927), donde explora la tensión entre el mito y la modernidad, Símbolos traslúcidos (1928), uno de sus libros más celebrados por la crítica literaria, Poesía y prosa (1953, edición póstuma), compilación que reúne lo mejor de su obra.
Durante su carrera, Owen también fue periodista, traductor y narrador, en sus crónicas y ensayos se advierte una profunda sensibilidad por los paisajes humanos y naturales de los lugares que habitó. Fue cónsul de México en Filadelfia, donde falleció el 9 de marzo de 1952, en relativa soledad, lejos de su tierra sinaloense, pero con una obra que trascendió fronteras.
Hoy, Gilberto Owen es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX en México, su legado perdura en las antologías de poesía mexicana moderna y en el Premio Nacional de Literatura que lleva su nombre, otorgado por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC) en su honor.