.Es uno de los puntos más llamativos para los visitantes, a su alrededor circulan leyendas misteriosas.

Desde el Cerro del Vigía y frente al bullicioso malecón, la llamada Cueva del Diablo se erige como uno de los rincones más comentados y fotogénicos de Mazatlán. Pequeña en tamaño pero grande en historias, la cueva combina hechos verificables, misteriosos y relatos fantásticos.
Desde hace más de un siglo es punto de referencia, muchos documentos y reportes de locales exponen que, durante la construcción del Paseo Olas Altas y trabajos en el malecón, la cavidad fue utilizada en algún momento como depósito de dinamita y materiales de obra, de ahí su olor característico, a azufre, y derivado de su nombre.
El nombre “Cueva del Diablo” surge de tradición oral: relatos de olor a azufre percibidos por habitantes antiguos, junto con historias populares sobre apariciones, provocaron que la gente comenzara a referirse a ella como tal. Con el tiempo, ese sobrenombre se oficializó, en el lenguaje turístico y en señalizaciones no oficiales, y la entrada fue rematada con un letrero y rejas decoradas con motivos del “diablo”, lo que reforzó la narrativa mítica.
Las leyendas señalan que hace años dos jóvenes fueron atraídas por un hombre elegante en la entrada de la cueva y nunca más se supo de ellas; otras apuntan a que en su interior se guardaban tesoros piratas. El lugar es punto de referencia obligado para una fotografía, en donde resalta una reja roja, un letrero y una cara de diablo que hace alusión a su nombre.

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