Este 29 de septiembre, Amparo Ochoa habría cumplido 80 años. Ocho décadas después de su nacimiento, en el pueblo cañero de Costa Rica, municipio de Culiacán, su voz sigue teniendo algo que pocas voces consiguen con el paso del tiempo: no parece venir del pasado.

María Amparo Ochoa Castaños nació el 29 de septiembre de 1946, en una familia vinculada al campo sinaloense. Antes de convertirse en una de las grandes intérpretes de la canción popular mexicana y latinoamericana, fue maestra rural en comunidades como La Palma, Villa Ángel Flores y Tierra Blanca. Desde entonces, el canto estaba ligado a su vida cotidiana y a la gente entre la que creció.

En 1965 ganó un concurso de canto con “Hermosísimo Lucero”. Cuatro años después se trasladó a la Ciudad de México para continuar su formación musical en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Su carrera la llevaría de las peñas y pequeños escenarios a recorrer México, América Latina, Estados Unidos y Europa.

Pero Amparo Ochoa nunca entendió la música solamente como espectáculo. Su repertorio se convirtió en una manera de contar la vida de los campesinos, los trabajadores, los pueblos indígenas y las mujeres. “El barzón”, “La maldición de Malinche”, “Jacinto Cenobio”, “Mi pueblo” y muchas otras canciones encontraron en ella una intérprete capaz de convertir una historia popular en memoria colectiva.

Por eso, para Sinaloa, Amparo Ochoa es algo más que una cantante que alcanzó fama nacional. Es una mujer que salió de la tierra agrícola de Costa Rica y llevó consigo una manera muy sinaloense de mirar el mundo: con orgullo por sus raíces y con sensibilidad frente a las desigualdades que conoció desde niña.

Murió en Culiacán el 8 de febrero de 1994, cuando apenas tenía 47 años. Su carrera terminó demasiado pronto, pero su repertorio no. La Secretaría de Cultura la reconoce como una figura de la Nueva Canción Mexicana y registra una trayectoria internacional que incluyó presentaciones en Europa, Estados Unidos, América Latina y el Caribe.

Este año, además, Sinaloa volvió a colocar su figura en el espacio público. En agosto fue inaugurado en Culiacán un mural dedicado a ella, con la presencia de su hija María Inés, como parte de los homenajes para mantener viva su memoria.

Amparo Ochoa habría cumplido hoy 80 años. No llegó a esa edad, pero su voz sí. Y quizá esa sea la mejor manera de medir una vida dedicada al canto: saber que, tantos años después, todavía basta escucharla para recordar de dónde viene y para quién cantaba.

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