De las veladoras y las mandas a las camisetas con su imagen, miles de mexicanos encuentran en el llamado santo de los casos imposibles una figura de esperanza. Los jóvenes son parte del rostro de una devoción que desborda los templos.
Cada 28 de octubre, las calles se pintan de verde y blanco. Entre veladoras encendidas, flores, música, imágenes cargadas en los brazos y familias enteras caminando hacia los templos, San Judas Tadeo vuelve a demostrar el arraigo que tiene en México. Para unos es el santo de las causas difíciles; para otros, el último recurso cuando las cosas se ponen cuesta arriba. Lo cierto es que su devoción se ha convertido en una de las expresiones más visibles de la religiosidad popular.
Su imagen ya no se encuentra solamente en los altares de las iglesias. Aparece en camisetas, medallas, pulseras, tatuajes, escapularios y pequeños nichos instalados en casas y negocios. Jóvenes con la figura del santo estampada en la ropa, familias que acuden a agradecer un favor y peregrinos que cumplen promesas forman parte de una tradición que mezcla fe, identidad y vida cotidiana.
La percepción de que esta devoción ha crecido tiene respaldo en una encuesta del Centro de Opinión Pública de la Universidad del Valle de México, publicada en diciembre de 2023. El 53 por ciento de los consultados consideró que la devoción por santos como San Judas Tadeo había aumentado en los últimos años. El dato refleja una percepción social, aunque no equivale a un registro del número de nuevos creyentes.
¿Qué explica ese arraigo? Para muchos fieles, San Judas es el santo al que se acude cuando falta el trabajo, aprieta el dinero, aparece una enfermedad o un problema familiar parece no tener salida. La fe se expresa en promesas, caminatas, visitas a los templos y agradecimientos por favores que sus devotos consideran recibidos.
En la Ciudad de México, el templo de San Hipólito se convierte cada día 28 en uno de los principales puntos de reunión. La multitud llega con imágenes de todos los tamaños, desde pequeñas figuras que caben en una mano hasta esculturas que necesitan ser cargadas entre varias personas. Hay quienes acuden por primera vez y quienes regresan año tras año para renovar una promesa.
La popularidad del santo tiene, además, un rostro joven. Su imagen circula en redes sociales y forma parte de una cultura urbana en la que la devoción convive con la música, la vestimenta y las expresiones de pertenencia barrial. Lejos de quedarse dentro de las iglesias, San Judas Tadeo se ha instalado en las calles y en la vida diaria de sus seguidores.
Aunque no existen cifras nacionales que permitan medir con precisión cuánto ha aumentado el número de devotos, la convocatoria de sus celebraciones y la presencia cotidiana de su imagen muestran la fuerza de esta tradición. En un país donde millones de personas recurren a la fe para enfrentar sus dificultades, San Judas Tadeo conserva un lugar especial: el del santo al que se le pide ayuda cuando, para quien reza, las opciones parecen haberse agotado.